Fotografos Federico Barrios y Matías Garay

Fotógrafos del verano, trabajo sacrificado y placentero

Caminan la playa con la cámara en mano, a la altura del hombro para evitar que la salpiquen las olas, y a todo veraneante que se cruzan le ofrecen tomar una imagen.

Son jóvenes y locuaces, una condición básica para conseguir clientes, pues la ganancia está atada a la productividad.

En Las Grutas ya son parte de la postal y el detalle sorprendente es que la inmensa mayoría –por no decir todos- provienen de otras regiones para trabajar la temporada.

La tradición la inició una empresa hace años, cuando aún no existían las máquinas digitales, y había que concurrir al local y buscarse en tiras de fotos diminutas. De allí el nombre del comercio. Ahora todo se hace en computadora, más ágil.

Este verano son cuatro las firmas habilitadas por el municipio de San Antonio Oeste, y cada una debe pagar una tasa por cada ambulante que baja a la playa. Se pueden ver decenas con remeras vistosas –amarillas, verdes y azules- que identifican cada casa.

Conforman una verdadera comunidad, en la que se generan vínculos de amistad y profesionales, en los que se comparten conocimientos y secretos que aportan experiencia.

Pese a que la proliferación de los teléfonos celulares con cámara y las mismas cámaras digitales domésticas, la labor de los fotógrafos es muy redituable, pues muchos son seducidos ante la posibilidad de llevarse el recuerdo en papel más elocuente, y no en una tarjeta de memoria.

La clave está en lograr el sí de los posibles modelos, y allí se requiere del ingenio, la simpatía y el poder de persuasión.

Para Federico Barrios, un joven oriundo de Santa Rosa, La Pampa, que hace tres temporadas trabaja en Las Grutas, “tener buen diálogo con la gente” es fundamental.

“Es saber transmitirles que aparte de la foto que se llevan, también les queda el recuerdo del momento en que se tomaron la foto”, sostiene.

Otro elemento que inclina la balanza para que la imagen interese es que deber lograrse “una buena foto en poco tiempo”, añade el muchacho. Porque el cliente la comprará si le gusta.

Por último resulta esencial mantener un buen estado físico. Hay que ir y venir durante varias horas, y caminar en la arena es agotador. Pararse a esperar que aparezca el candidato difícilmente resulte, acota Federico.

 

Con cien pesos y colado en el tren

Matías Garay cumplió su séptima temporada de fotógrafo en Las Grutas, y es uno de los más experimentados. Reside en Bariloche, donde es reportero gráfico, y su primera incursión fue tras la erupción del volcán Puyehue, que redujo las posibilidades laborales. Recuerda que viajó con su cámara colado en el tren y cien pesos en el bolsillo. Aquí consiguió trabajo y adoptó el balneario como propio.

Según su opinión, este verano se notó mucho el cambio de público. Afirma que ya no abundan las familias numerosas, las que más apreciaban tomarse una foto.

 

Costos y ganancias

Cada foto de 15 x 21 centímetros cuesta este verano entre 120 y 140 pesos. Si se llevan más de una copia puede haber descuentos. Hay alternativas de mayor tamaño, de 180 pesos en adelante.

Depende de la firma, pero en la mayoría los fotógrafos ganan el 20 por ciento en la venta mínima. Pero si se superan los 600 pesos es el 25%. Logran el 40% de ganancia cuando llegan a los 1.200 pesos. En una buena jornada se puede llegar a vender cien fotos.

P/LMNeuquén